Del norte palentino nací, hijo del valle y de la sierra, con vocación de barruelano universal. He vivido y vivo embriagado de la naturaleza cántabro-palentina, y también de la mediterránea que me ha despertado cada mañana durante años. Me siento nómada y peregrino y ahora, a la setentena, sólo deseo ser, aparte de escritor e indolente pintor, esa persona buena y algo esquiva a la que algunos llaman con afecto Teo.